Se cumplen cincuenta años del estreno de *Carrie*, una de las películas de terror más aclamadas en la historia del género y considerada hoy en día una obra de culto. Medio siglo en el que pocos filmes han logrado opacarla, quizás por la fuerza del libro original de Stephen King, la dirección magistral de Brian De Palma, la entrega total de su protagonista Sissy Spacek o, tal vez, por la combinación de todos estos factores.

En ese entonces, durante la dictadura cívico-militar en Argentina, Néstor Tato, ex crítico de cine y periodista, actuaba como censor del Ente de Calificación Cinematográfica. Su gestión se caracterizaba por cortes arbitrarios y extensos en escenas, diálogos y metraje de casi cualquier película que pretendiera estrenarse en el país. Tato, figura oscura y repudiada, fue el motivo por el cual Sui Géneris le dedicó la canción *Las increíbles aventuras del Señor Tijeras*, incluida en su álbum *Pequeñas anécdotas de las instituciones* (1974). Esta situación complicaba enormemente a las distribuidoras de cine.
Frente a este panorama, Miguel Grinberg, escritor e investigador que en ese momento era jefe de prensa de la multinacional Columbia-Fox, ideó una solución creativa: utilizaba el microcine —una pequeña sala con capacidad para treinta o cuarenta personas— para convocar a periodistas amigos y fanáticos del cine y proyectarles las películas del sello antes de que llegaran a manos de la censura.
De esta forma surgió un divertido proyecto paralelo, el Bela Lugosi Club, integrado por críticos especializados en cine de terror, como Moira Soto y Alberto Ojam. Gracias a sus contactos, lograban proyectar diversos títulos del género en esos microcines antes de que fueran intervenidos por la censura. Así fue como se presentó *Carrie*.
*Carrie* fue la primera adaptación cinematográfica de una novela de Stephen King y llegó acompañada de numerosos comentarios positivos, en parte por la dirección de Brian De Palma, quien ya había sorprendido con la original ópera rock *Un fantasma en el Paraíso* (1974), una parodia del clásico *El Fantasma de la Ópera*.
Por entonces, el único hotel de categoría internacional en Buenos Aires era el Sheraton, en Retiro, donde se alojaban las estrellas del cine, músicos y personalidades destacadas. Fue allí donde Sissy Spacek llegó para promocionar la película, aunque el estreno se demoraría.
La mañana de la entrevista amaneció fría y neblinosa, con una escenografía urbana ideal, acorde al tono del film. Al salir del ascensor, Spacek mostró una figura delgada y menuda, sin maquillaje. Saludó con una mano pálida y fría, y una sonrisa tímida.
— ¿Te parece bien si hacemos la nota ahí, en esa plaza? —propuso, mirando hacia la calle desde los ventanales—. Me gustan los espacios abiertos.
Así fue como la entrevista transcurrió sentados en un banco de plaza, entre la bruma y el despertar de la ciudad, con la Torre de los Ingleses casi invisible a lo lejos.
— ¿Qué conocés de Argentina? —pregunté.
— Muy poco. Sé del tango, de los gauchos y del mar que tienen por aquí cerca…
— Es un río, el Río de la Plata.
— Ah, disculpame. ¿Viste la película? ¿Qué te pareció?
— Sí, claro. Me gustó mucho. Hiciste un gran trabajo.
— Gracias. Fue agotador.
— De Palma te hizo trabajar mucho…
— Ya lo conocía, había colaborado con él en *Un fantasma en el Paraíso* trabajando en la escenografía, no como actriz. ¿Querés dar una vuelta?
— Claro, la calle Florida está cerca y es peatonal.
*Carrie* es, después de *El bebé de Rosemary* (Roman Polanski, 1968), el filme de terror que más miedo ha sabido despertar en la audiencia. Fiel admirador de De Palma, compañero de generación de otros grandes como Steven Spielberg, George Lucas, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola —conocidos en sus inicios como “Los mocosos del cine”—, siempre consideré que la elección de Spacek para el papel principal fue un acierto.
Más tarde supe que la primera opción no había sido ella, sino Carrie Fisher, la Princesa Leia Organa de *La guerra de las galaxias*. La coincidencia se debió a que De Palma y George Lucas, grandes amigos, organizaron los castings para *Carrie* y *La guerra de las galaxias* el mismo día y en el mismo lugar.
Spacek consiguió su papel gracias a su entonces esposo, Jack Fisk, director de arte en la película, quien insistió a De Palma para que le hiciera una prueba. Aunque tenía 26 años, gracias a sus pecas, su aire de inocencia y su nariz respingada, parecía una adolescente de 18.
La charla continuó mientras caminábamos por Florida.
— Naciste en Texas, un lugar muy diferente a Hollywood, ¿no?
— Sí, pero un primo mío, Rip Torn —con más de 50 películas en su carrera—, estudió actuación con Lee Strasberg en Nueva York y me ayudó a ingresar al Actor’s Studio. Desde chica me encantaba el cine.
— ¿Quiénes son tus actores preferidos?
— Meryl Streep y Robert Redford, entre otros.
Imposible imaginar que esta joven de 27 años era la actriz principal de una película de terror tan intensa. Mientras paseábamos, se detenía frente a los
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