Después de la goleada 7-0 que sufrió ante la Selección argentina, el presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, cuestionó el presente del fútbol de su país y anticipó que el Gobierno podría intervenir la federación. La medida está prohibida por los estatutos de la FIFA y podría derivar en una suspensión internacional.

El equipo africano había llegado a Buenos Aires pocas horas antes del partido y presentó una formación integrada mayormente por jugadores sub 23, por las dificultades que tuvo para completar el viaje. Al recibir a la delegación, Traoré felicitó a los futbolistas por haber aceptado jugar casi sin descanso, pero lanzó una advertencia: “Es cierto que nuestro fútbol está enfermo y encontraremos los remedios”.
“Hasta ahora no queríamos meternos en sus asuntos, pero ahora no tenemos elección. Debemos hacerlo, estemos suspendidos o no. Pero si intervenimos, será para organizar mejor las cosas”, afirmó. El mandatario habló de mejorar la infraestructura, cubrir los gastos de los jugadores y prepararlos mejor para las competencias.
La postura choca con el artículo 14 de los estatutos de la FIFA, que exige que las asociaciones miembro manejen sus asuntos de manera independiente y sin injerencia de terceros. Las sanciones previstas pueden llegar a la suspensión e incluso a la expulsión.
Traoré también describió el caótico viaje de los jugadores: “Los llamaron de noche, cerca de las 20, los embarcaron de urgencia, llegaron a Marruecos sin dormir hasta la mañana y volvieron a subir a un avión rumbo a la Argentina. Pasaron casi 24 horas sin dormir”. Según explicó, aceptaron jugar “por patriotismo”, porque la federación ya había dado su palabra y no presentarse podía acarrear sanciones. Burkina Faso nunca jugó un Mundial, fue subcampeón de la Copa Africana en 2013 y ocupa el puesto 62 del ranking FIFA.
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